No solo el COVID-19 es el virus que nos infecta
Mientras el Presidente asistía a un acto para celebrar
el Día del Camionero en la Sede Central del Sindicato que responde a Hugo
Moyano, a muy pocos kilómetros de allí, en la Casa Rosada, el Ministro de Salud,
Ginés González García, ofrecía una conferencia de prensa acompañado por Daniel
Gollan y Fernán Quirós, sus pares en el ámbito de la Provincia de Buenos Aires
y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, respectivamente, en la cual los
funcionarios expresaron su preocupación por la posibilidad de que se produzca
un rebrote. En el AMBA se registró un aumento de casos positivos de COVID-19 en
las últimas jornadas, y la República Argentina ya superó el millón y medio de
contagiados y más de cuarenta mil compatriotas que contrajeron la enfermedad
lamentablemente perdieron la vida.
Alberto Fernández intentó dar una imagen estoica de sí
mismo al encabezar el evento de este mediodía, en el que se encargó de cubrir
con un manto de elogios al verborrágico líder sindical. "Que proteste
quien proteste, que se enoje el que se se enoje. Esto fue lo que hicimos.
Gracias a Dios pudimos contar con los Moyano, con todos ustedes que pusieron
todo el esfuerzo para ayudarnos a pasar la peor de las pesadillas que la
Argentina ha vivido, que es pelear contra un virus que no conocemos",
enfatizó el Jefe de Estado, que calificó al gremialista como "un dirigente
ejemplar". Quizás se le pasó por alto al mandatario que el gremio
recientemente sostuvo bloqueos de rutas en las Provincias de Buenos Aires,
Neuquén y de San Luis, por citar algunos ejemplos, que afectaron
considerablemente el abastecimiento y la distribución de mercaderías en
diversas localidades. Previo al inicio de la ceremonia de la que también
participación Axel Kicillof, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y
Pablo Moyano, el Gobierno Nacional arregló el otorgamiento de un bono de $
25.000 pesos para los trabajadores del rubro que responden al principal
directivo del Club Atlético Independiente.
La prepotencia con la que el responsable máximo del
Poder Ejecutivo de la Nación lleva adelante su gestión contrasta con la
realidad en la que se halla sumergida nuestro país en la actualidad,
convirtiéndolo al Presidente en un esclavo de su propia jactancia. ¿Con qué autoridad moral le pide el Gobierno a la ciudadanía ante el acercamiento de las Fiestas de Fin de Año que respete el distanciamiento social y que haga un esfuerzo adicional cuando fue el que elaboró toda una parafernalia con la partida de Evo Morales hacia su tierra natal -con una bochornosa cena incluida junto al líder peronista y sus laderos en la que no se respetaron las pautas sanitarias-, el que promovió una convocatoria multitudinaria para despedir a Diego Maradona, el que arbitró los medios para facilitar la reunión en masa de los manifestantes que se proclamaron a favor y en contra de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Plaza de los Dos Congresos hace algunos días o el que apoyó la movilización del lunes pasado para exigir una "Navidad sin presos políticos" en el Palacio de Tribunales?
A la preocupación alarmante por la segunda ola epidemiológica que se avecina y por la nueva escalada de contagios en la Ciudad de Buenos Aires y en el Conurbano Bonaerense que dieron a conocer los funcionarios encargados de las carteras de Salud en rueda de prensa este mediodía, González García comunicó otros datos poco alentadores: en primer término, dijo que "nosotros estamos haciendo todo lo que habíamos dicho, pero lamentablemente hay variables difíciles como dificultades con los aviones", en alusión a que las aeronaves necesitan ser adaptadas con compartimentos de refrigeración pertinentes para el resguardo de las dosis de la Sputnik V rusas que se precisan para cumplir con la imperiosa prioridad de inocular al personal esencial y de alto riesgo antes que al resto de la población y, por otro lado, enfatizó que todavía no se cerraron las negociaciones con los laboratorios Pfizer para la provisión de las vacunas. “Tengo toda la esperanza de concretar el acuerdo con Pfizer, no puedo dejar de decir que fueron los primeros con los que negociamos. La expectativa siempre fue importante, más allá de que tenga que ser refrigerada a menos ochenta grados. Hemos buscado adecuar la logística para que podamos tener esa vacuna a esa temperatura. En la negociación se nos pidió una ley que les diera inmunidad, esa ley salió. Después, desde la casa central de Pfizer en Estados Unidos decían que esa ley no era suficiente, que había que hacer una nueva ley, y además que el contrato no lo firmara yo sino el Presidente; son condiciones un poco inaceptables”. La previsión no es algo que caracterice al Gabinete.
A pesar de los resultados calamitosos que provocó la
pandemia que están a la vista, el Presidente se regocija en las mieles de un
éxito carente de credibilidad, sustentándose en las decisiones poco ortodoxas
que se adoptaron para combatir este flagelo y hacer el intento de paliar una
crisis abrumadora. Pero no todo es culpa de la pandemia. Tuvo que llegar este
virus que sigue azotando a la población mundial casi en su totalidad para
fortalecer un sistema sanitario devenido en una precariedad inefable, que si
bien no había sido ponderado de un modo adecuado y no recibió la atención que
se merecía durante el mandato de Mauricio Macri, arrastra décadas de una
notoria y penosa involución por la falta de un financiamiento robusto y
duradero, y de un plan integral que contribuyera con la reestructuración en
todo lo concerniente en materia de salubridad pública.
Además, el Gobierno utilizó esta carta excesivamente
para excursarse de todo tipo de criterios impuestos sobre diferentes situaciones.
El Presidente aparejó un rol pragmático en la búsqueda de resoluciones que
requerían celeridad, es cierto, y para algunos casos su intervención inmediata
fue acertada e inevitable, pero muchas de las consecuencias condujeron al
desastre, marcando índices catastróficos en varios aspectos sumamente
delicados.
Millones de dólares se desvanecieron de las reservas
del Banco Central, posibilitando una brecha cambiaria que llegó a un tope de
casi $ 200 pesos en el mercado libre por cada unidad de la moneda
norteamericana. A su vez, se evidenció un incremento paulatino de la
inseguridad y de la toma o usurpación de propiedades privadas, muchas de ellas pertenecientes al Estado Nacional, como el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, se propició la fuga de empresas cuyas inversiones de capitales garantizaban miles de empleos (ACICS, la firma de indumentaria deportiva estrella en el rubro del running, amplificó la lista de compañías que emigraron de la Argentina), se obstaculizó la posibilidad de que los estudiantes tuvieran
acceso a las clases presenciales con todos los cuidados contemplados y mediante
el cumplimiento de los protocolos convenientes, se acrecentó la caída del poder
adquisitivo de los trabajadores (la inflación rondaría un 35% inteanual una vez
finalizado el mes de diciembre), se prolongó el recrudecimiento de los
registros de pobreza que atraviesa la Argentina: 44,2%, y 27,9% alcanza los
niveles de indigencia. De ese porcentaje (44,2%), el 64,1% de los chicos -6 de cada 10- se encuentran bajo la
línea de pobreza). Y también comenzará a regir en breve una nueva
fórmula de movilidad previsional en ciernes que perjudicará como tantas otras
veces a uno de los sectores sociales más vulnerables: los jubilados, aquellos
adultos mayores que aportaron a lo largo de toda su vida laboral y que a cambio
reciben "una miseria" en los tiempos que corren.
La lucha contra el coronavirus, sin duda, es uno de los ejes centrales de la agenda, y continuará siéndolo hasta que esta afección no se extinga por completo. Eso no está en discusión. Pero cada uno de los temas referidos precedentemente también revisten un carácter impostergable. Estos asuntos son esenciales para sentar las bases de un sostén cultural, económico, institucional y social que debe poseer cualquier Estado, puntos en los que el Gobierno tiene la obligación de considerarlos insoslayables.
Asociación
Democrática y Defensora de la Justicia.


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