Un Gobierno que hace de la mentira su credo oficial

 

Alberto Fernández apunta en dirección hacia el precipicio al que se encamina el país. Foto: www.cronista.com

Mark Twain, un reconocido escritor y humorista estadounidense, dijo alguna vez que "la credibilidad es como la virginidad: una vez que se pierde ya no se recupera". Este parece ser el karma que atemoriza al Gobierno desde que asumió la conducción el 10 de diciembre del año pasado. De las promesas hechas en la campaña electoral, Alberto Fernández solamente pudo cumplir tres: la creación del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, la desdolarización de tarifas, y la presentación del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en el Congreso de la Nación, iniciativa que ya obtuvo media sanción tras su reciente tratamiento en la Honorable Cámara de Diputados. Por supuesto que le quedan tres años más por delante para transformar esas ideas abstractas en algo tangible, susceptibles de adquirir verosimilitud.

Sin embargo, y parafraseando a Aristóteles, uno de los grandes filósofos de la Antigua Grecia, éste esgrimía que "la única verdad es la realidad", lema del que se apropió Juan Domingo Perón durante su etapa de esplendor. La feroz coyuntura que se advierte en la actualidad es contundente, innegable e inocultable, y resulta extremadamente difícil de ser omitida por la mayoría de la sociedad.

Lo más preocupante de esta concepción de la realidad recae en el contenido con el que se sustentan los endebles argumentos esbozados por los máximos exponentes del espectro político, que carecen de veracidad o que acarrean una validez bastante dudosa. A lo largo de todo este año no se ha hecho más que infectar con el germen de una contradicción pasmosa a cada aseveración realizada por el propio Presidente de la Nación y por varios de sus funcionarios más allegados de su cúpula dirigencial. Un claro ejemplo de ello es el uso de la comunicación para señalar la acción del Gobierno ante la pandemia provocada por el SARS-CoV-2 que desde marzo ocasiona enormes estragos en todo el territorio argentino.

Uno de los que terminó siendo rehén de sus impertinentes declaraciones es Ginés González García, el Ministro de Salud. El titular de esa cartera fue el primero en subestimar esta grave afección que repercute en cada rincón del planeta al afirmar que "no hay posibilidad de que exista el coronavirus en la Argentina" o "me preocupa más el dengue", generando una sorpresa mayúsucula al tratarse de que un profesional de las Ciencias Médicas desestimase la evolución de este mal. Cuando el virus comenzó a convivir entre nosotros, no le quedó otra opción que solicitar una avenencia con sus colegas. Pero a medida que la pandemia evolucionaba, las expresiones públicas posteriores también se vieron desprovistas de un razonamiento asertivo, incurriendo en apreciaciones erráticas y poco fiables que se amontonaron incesantemente. "Es mucho peor la gripe que el coronavirus", Yo creí que iba a llegar un poco más tarde", "El pico de contagios será en junio y muy chatito", y un sinfín de barbaridadaes que manifestó con un descaro similar al de un rockstar.

"No hay dos vidas: es una persona y lo otro es un fenómeno", otro exabrupto de Ginés. Foto: www.cronista.com

A más de doscientos setenta días del génesis de la cuarentena, GGG convocó a una reunión en la Casa Rosada hace algunos días en la que citó a sus pares Fernán Quirós (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y Daniel Gollan (Provincia de Buenos Aires) para comunicar su preocupación por el alza en el número de contagios que se dieron en el Área Metropolitana de Buenos Aires en la última semana. Revolviendo entre los tantos dichos del mismísimo Ginés, podemos encontrar en que, antes de que los laboratorios elaborasen sus pruebas para por fin detectar una solución que nos permita inocularnos de esta enfermedad, fue él quien había mencionado que "la única vacuna contra el coronavirus es el aislamiento". Paradójicamente, quienes denotan el poder político de turno fueron los que fomentaron el rompimiento de esta metodología de guarecerse para contrarrestar los efectos del COVID-19. Aquellos que tildaron de "anticuarentena" "psicóticos" o "irresponsables" a los que se volcaron en gran número a las calles de las principales ciudades del país para aducir su desacuerdo y su disconformidad con las medidas implementadas por el Gobierno fueron los mismos que impulsaron pletóricamente una convocatoria masiva para el velatorio del futbolista Diego Armando Maradona en la Sede del Poder Ejecutivo, o que permitieron una aglomeración en las puertas del Congreso Nacional durante el debate que se gestó en la Cámara Baja por la Ley del Aborto Seguro, Legal y Gratuito, o para fogonear la movilización en defensa de los supuestos "presos políticos". El mecanismo impuesto para trata de cuidar a la gente llevaba consigo el gen de su propia autodestrucción. Los aberrantes resultados, desafortunadamente, están a la vista de todos.

A ello hay que adicionarle la incertidumbre que se originó con respecto al arribo de las dosis de la vacuna rusa Sputnik V, que pasaron de ser diez millones según las palabras del Presidente hace un mes y medio a unas seiscientos mil para fines de diciembre, pero que aún no se puede garantizar que estén en la Argentina para las vísperas de Navidad o Año Nuevo ni tampoco el asunto de saber si los aviones que deben traer las partidas contarán con los contenedores propicios para la refrigeración adecuada del producto. Y por su fuera poco, el Ministro asumió que no están cerradas las negociaciones con Pfizer para el suministro de vacunas por plantearse "condiciones inaceptables" para alcanzar un acuerdo, a pesar de que el Parlamento ya aprobó en tiempo récord la Ley de Vacunas destinada a generar inmunidad adquirida contra el COVID-19 Nro. 27.573, promulgada por el Ejecutivo mediante el Decreto Nro 872/2020 del viernes 6 de noviembre anterior. Dos puntos críticos que el Estado tiene que resolver de inmediato si pretende lanzar su plan de vacunación que apunta al personal ubicado dentro de los rubros considerados esenciales -docentes, fuerzas de seguridad, salud, transporte público- y a los mayores de sesenta años que conforman el grupo de riesgo para fines de diciembre.

Todo este descalabro lo posicionó al Presidente en el ojo de la tormenta. La cruda falencia evidenciada en el plano comunicacional y las desaveniencias con González García expuso notoriamente al mandatario, colocándolo en el eje central de todas las críticas. El índice de desaprobación de la gestión de Alberto Fernández aumentó a un sesenta por ciento en el último mes del 2020, y no fue solamente por el manejo desacertado de la pandemia, sino por concentrar todas sus expectativas en temas que a su criterio cataloga como fundamentales -COVID-19 y el proyecto de Ley del IVE, por ejemplo-, descuidando los planos contemplados en materia de educación, empleo, jubilaciones, seguridad, etc. No todos sus juglares le cantan la posta al referente del Frente de Todos. Y allí se concentra el problema para el Jefe de Estado ya que, como se citó al principio, "una vez que se extravía la credibilidad, ésta no se recobra".



Asociación Democrática y Defensora de la Justicia.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Un atentado fallido y miles de interrogantes por resolver

Si se sigue cavando dentro del pozo, más difícil será salir de él

¿Qué destino le depara a la Argentina en este 2024?