Un vuelo hacia la búsqueda del milagro ruso

 

Las dosis de la vacunas rusa llegarían a Ezeiza entre el 23 y el 24 de diciembre. Foto: www.aerotendencias.com

Alberto Fernández está tratando de hacer hasta lo imposible por cumplir al menos con una mínima parte de lo que vaticinó a principios de noviembre, cuando se atrevió a anunciar pomposamente que "la vacuna rusa estaría a fines de diciembre y empezaríamos a vacunar a diez millones de personas", alarde que lo catapultó directamente hacia la encrucijada en la que se halla envuelto hoy en día. Al Presidente le está costando demasiado escaparse del laberinto dialéctico que construyó a base de afirmaciones desprovistas de veracidad que desencadenaron en la ajetreada agenda que le toca afrontar a escasas jornadas de la finalización de este 2020 tan nefasto como inolvidable.

La mañana del jueves se vio sacudida por las sorpresivas declaraciones de Vladimir Putin en referencia al nivel de eficacia que posee la Sputnik V en una determinada franja etaria. "Yo atiendo a las recomendaciones de nuestros especialistas, y por eso por ahora no me he puesto la vacuna, pero lo haré sin falta cuando sea posible. A la gente como yo la vacuna todavía no llega", espetó el Jefe de Estado de la Federación Rusa, indicando que la campaña de inmunización que lanzó en su territorio se concentra en la población comprendida entre los dieciocho y los sesenta años de edad, marginando a los habitantes que se colocan por debajo y por encima de ese rango. Esta exposición que articuló públicamente el máximo responsable del Kremlin, que cumplió sesenta y ocho años el pasado 7 de octubre, originó una reacción escéptica por parte de las autoridades sanitarias que viajaron a Moscú para destrabar las cuestiones burocráticas para adquirir las partidas correspondientes a unas 300.000 dosis, y provocó un malestar y un descontento generalizado en el Gobierno y su entorno más cercano.

"A la gente como yo la vacuna todavía no llega" señaló Vladimir Putin. Foto: www.politicaexterior.com

Carla Vizzotti, la Secretaria de Acceso a la Salud que junto con Cecilia Nicolini, una de las consejeras de mayor confianza del mandatario, encabezan la misión que arribó hace unos días a la capital rusa, expresó: "Es fundamental para nuestro país comenzar a vacunar a los que han tenido mayor mortalidad. Los ensayos clínicos en las vacunas y en la industria farmacéutica siempre se van desarrollando y analizan por grupos. Hasta ahora la recomendación de utilización es hasta los sesenta años", y agregó: "Están terminando los últimos pasos para que también se apruebe el uso en los mayores de sesenta años. Nos dijeron que a fin de año la avalarán en el Ministerio de Salud para mayores de 60 años".

Las consecuencias a las que se expuso el titular del Poder Ejecutivo no hicieron más que desnudar el entramado de una artimaña insostenible. ¿Acaso desde la Casa Rosada se operó temerariamente, se le dio trascendencia a todo tipo de criterios especulativos y se obró con un completa falta de imprevisibilidad pasmosa para evitar este tipo de circunstancias? Y si se sabía de antemano que estos insumos revisten un cierto grado de incertidumbre sobre la eficacia que podría producir al suministrarse en los ciudadanos nucleados dentro de los grupos de riesgo, ¿Por qué conjeturó el Presidente que sería el primero en aplicarse la vacuna para no atemorizar a la sociedad y brindarle tranquilidad, teniendo él sesenta y un años? Resulta bastante difícil de entender. Pero lo más incomprensible e inexplicable que se extrae de aquél mensaje grabado que comunicó el 6 de noviembre acompañado por Ginés González García y de Vizzotti desde la Residencia de Olivos es el momento en el que anunció con una desmesurada avidez que en el último mes del año estarían dadas las garantías de inocular a 10.000.000 individuos. Lejos de cumplir con esa meta, el avión Airbus A330 de Aerolíneas Argentinas que se está preparando para emprender el vuelo de ida de dieciséis horas sin escalas a Moscú entre el próximo 22 y 23 de diciembre, con regreso directo -que se calcula en una duración que oscila entre las dieciséis y las dieciocho horas- al AeropuertoInternacional de Ezeiza a más tardar en el Día de Nochebuena, traerá consigo la cantidad de dosis suficientes para inyectar a tan solo trescientas mil personas. De ese número, por las razones comentadas precedentemente, no se incluyen a la gente que se sitúa dentro de los grupos de riesgo que ya cuentan con seis décadas encima, a pesar de que el carismático líder populista aseveró de que le se iba a dar prioridad a quienes reuniesen estas condiciones, junto con el personal considerado esencial. ¿Y los 9.700.000 restantes? Otro compromiso asumido por el referente del Frente de Todos que se tornó efímero e inverosímil. Otra promesa superflua que se esfuma en el aire al igual que la credibilidad de quien ostenta el poder político que cada vez está más debilitado y marchito.



Asociación Democrática y Defensora de la Justicia.

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