Un vuelo hacia la búsqueda del milagro ruso
Alberto Fernández está tratando
de hacer hasta lo imposible por cumplir al menos con una mínima parte de lo que
vaticinó a principios de noviembre, cuando se atrevió a anunciar pomposamente
que "la vacuna rusa estaría a fines de diciembre y empezaríamos a vacunar
a diez millones de personas", alarde que lo catapultó directamente hacia
la encrucijada en la que se halla envuelto hoy en día. Al Presidente le está
costando demasiado escaparse del laberinto dialéctico que construyó a base de
afirmaciones desprovistas de veracidad que desencadenaron en la ajetreada
agenda que le toca afrontar a escasas jornadas de la finalización de este 2020
tan nefasto como inolvidable.
La mañana del jueves se vio
sacudida por las sorpresivas declaraciones de Vladimir Putin en referencia al nivel
de eficacia que posee la Sputnik V en una determinada franja etaria. "Yo
atiendo a las recomendaciones de nuestros especialistas, y por eso por ahora no
me he puesto la vacuna, pero lo haré sin falta cuando sea posible. A la gente
como yo la vacuna todavía no llega", espetó el Jefe de Estado de la Federación
Rusa, indicando que la campaña de inmunización que lanzó en su territorio se
concentra en la población comprendida entre los dieciocho y los sesenta años de
edad, marginando a los habitantes que se colocan por debajo y por encima de ese
rango. Esta exposición que articuló públicamente el máximo responsable del
Kremlin, que cumplió sesenta y ocho años el pasado 7 de octubre, originó una
reacción escéptica por parte de las autoridades sanitarias que viajaron a Moscú
para destrabar las cuestiones burocráticas para adquirir las partidas
correspondientes a unas 300.000 dosis, y provocó un malestar y un descontento
generalizado en el Gobierno y su entorno más cercano.
Carla Vizzotti, la Secretaria de
Acceso a la Salud que junto con Cecilia Nicolini, una de las consejeras de
mayor confianza del mandatario, encabezan la misión que arribó hace unos días a
la capital rusa, expresó: "Es fundamental para nuestro país comenzar a
vacunar a los que han tenido mayor mortalidad. Los ensayos clínicos en las
vacunas y en la industria farmacéutica siempre se van desarrollando y analizan
por grupos. Hasta ahora la recomendación de utilización es hasta los sesenta
años", y agregó: "Están terminando los últimos pasos para que
también se apruebe el uso en los mayores de sesenta años. Nos dijeron que a fin
de año la avalarán en el Ministerio de Salud para mayores de 60 años".
Las consecuencias a las que se
expuso el titular del Poder Ejecutivo no hicieron más que desnudar el entramado
de una artimaña insostenible. ¿Acaso desde la Casa Rosada se operó temerariamente,
se le dio trascendencia a todo tipo de criterios especulativos y se obró con un
completa falta de imprevisibilidad pasmosa para evitar este tipo de circunstancias?
Y si se sabía de antemano que estos insumos revisten un cierto grado de
incertidumbre sobre la eficacia que podría producir al suministrarse en los
ciudadanos nucleados dentro de los grupos de riesgo, ¿Por qué conjeturó el
Presidente que sería el primero en aplicarse la vacuna para no atemorizar a la
sociedad y brindarle tranquilidad, teniendo él sesenta y un años? Resulta
bastante difícil de entender. Pero lo más incomprensible e inexplicable que se
extrae de aquél mensaje grabado que comunicó el 6 de noviembre acompañado por
Ginés González García y de Vizzotti desde la Residencia de Olivos es el momento
en el que anunció con una desmesurada avidez que en el último mes del año
estarían dadas las garantías de inocular a 10.000.000 individuos. Lejos de cumplir con esa meta, el avión Airbus A330 de Aerolíneas Argentinas que se está preparando para emprender el vuelo de ida de dieciséis horas sin escalas a Moscú entre el próximo 22 y 23 de diciembre, con regreso directo -que se calcula en una duración que oscila entre las dieciséis y las dieciocho horas- al AeropuertoInternacional de Ezeiza a más tardar en el Día de Nochebuena, traerá consigo la cantidad de dosis suficientes para inyectar a tan solo trescientas mil personas. De ese número, por las razones comentadas precedentemente, no se
incluyen a la gente que se sitúa dentro de los grupos de riesgo que ya cuentan
con seis décadas encima, a pesar de que el carismático líder populista aseveró
de que le se iba a dar prioridad a quienes reuniesen estas condiciones, junto
con el personal considerado esencial. ¿Y los 9.700.000 restantes? Otro compromiso asumido por el referente
del Frente de Todos que se tornó efímero e inverosímil. Otra promesa superflua que
se esfuma en el aire al igual que la credibilidad de quien ostenta el poder
político que cada vez está más debilitado y marchito.
Asociación
Democrática y Defensora de la Justicia.


Comentarios
Publicar un comentario